La Fraternidad en el Mundo Actual
Resp.·. Logia Mixta Isis N° 27, Gran Logia Simbólica
“El mayor acto fraternal que podemos realizar es una vida de servicio y altruismo al desarrollo de la condición humana.”
El reconocimiento de la fraternidad debe transformarnos internamente. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿cómo se despliega y se observa en el siglo XXI el valor de la fraternidad? Vivimos en un mundo interconectado y globalizado donde las acciones de las naciones y sus pueblos repercuten inevitablemente sobre otros, y así se va entretejiendo el dinamismo en la sociedad actual que parece avanzar a pasos agigantados en materia aeroespacial, tecnológica y de información. Pero aun así surge la pregunta: ¿por qué no ha sido suficiente para asegurar el desarrollo y la armonía entre las naciones y entre quienes la conforman?
El panorama mundial muestra múltiples conflictos armados activos, problemas económicos y derechos vulnerados de naciones enteras. Así, lo que sucede en lo macro es un reflejo potenciado de lo ocurrido a nivel personal y relacional: se vive en sociedad, pero no hay un sentimiento de pertenencia a ella y se genera un sentimiento de separatividad; las creencias y el fanatismo arraigados levantan murallas que erosionan la tolerancia, y la ambición desmedida provoca la apropiación y vulneración en distintos niveles.
En contraste, también somos conscientes de los esfuerzos sinceros de grupos de personas e instituciones que, a través de sus distintas iniciativas, buscan elevar el nivel de vida de la humanidad en el reconocimiento de la fraternidad y sus diversos grados de significancia:
- Como un valor cívico: Sustento y garantía de la vida pacífica en común.
- Como reconocimiento ontológico: Afirmación de la dignidad e igualdad esencial del otro.
- Como conciencia de unidad: Comprensión de la unidad indivisible de la vida y su manifestación.
En este marco, las palabras aceptación, tolerancia e integración toman acción constructiva, pues la fraternidad es la contraposición directa a la división o separación. Un ejemplo de ello es la Organización de las Naciones Unidas en su misión de “mantener la paz, promover los derechos humanos, impulsar la cooperación internacional y servir como centro de coordinación entre las naciones”, habiendo declarado el 4 de febrero como el Día Internacional de la Fraternidad Humana, cuyo objetivo principal es promover una mayor tolerancia cultural y religiosa.
En este contexto es donde debemos tener especial atención: podemos contar con lineamientos, declaraciones y mecanismos diversos, pero si no estamos conscientes de que debe haber un cambio interno, difícilmente lograremos el establecimiento de la fraternidad. La humanidad posee la potencialidad de alcanzar elevados ideales, pero ello requiere un proceso. Y es bien conocida la frase: “La educación empieza desde casa”.
Así, existe un rol relevante que puede desempeñar la Masonería. La promulgación de los ideales de Libertad – Igualdad – Fraternidad invita a un trabajo constructivo interno que permite sembrar las semillas necesarias para un camino que beneficie a las futuras generaciones. La tolerancia masónica, como amalgama y elemento unificador, nos permitirá darnos las manos unos a otros reconociendo nuestras diferencias —porque somos distintos— pero avanzando en un camino de equilibrio y entendimiento.
“Y, en mi opinión, lo más importante es el sentido del deber y la responsabilidad: no podemos esperar que la fraternidad se establezca desde afuera. Debe provenir de nuestro propio desbastamiento, de nuestro compromiso en ser mejores elementos para la sociedad, de nuestro esfuerzo por llevar una vida ética y moral, y de nuestro servicio activo al mundo que nos necesita. Solo así podremos tomarnos de las manos y formar una gran cadena fraternal, unidos por lazos más fuertes que los intereses personales.”