Librepensamiento
Autonomía moral, discernimiento y el rechazo a los dogmas
“La vida sin libertad es como un cuerpo sin alma, y la libertad sin reflexión es como un espíritu confuso. Vida, libertad y reflexión son una sola cosa, eternas y permanentes.”— Anónimo
La libertad de pensamiento es un derecho humano fundamental que goza de protección en múltiples instrumentos internacionales, entre ellos, la Convención Americana de Derechos Humanos, indicado en el artículo 13. La libertad de pensamiento implica el derecho a formar, mantener y cambiar libremente ideas, creencias, convicciones y opiniones sin temor a represalias.
En el marco constitucional chileno, la libertad de pensamiento, conciencia y religión es un derecho fundamental, asegurado en el artículo 19, n°6 de la actual Constitución. La libertad de pensamiento es fundamental porque garantiza la autonomía moral y la dignidad de cada persona; por lo tanto, debemos valorarla y protegerla en todo momento.
Ortega y Gasset ha dicho: "No existe la verdadera libertad hasta cuando el ser humano no ha conquistado su libertad interior, hasta cuando su conciencia le permita discernir entre el Bien y el Mal, hasta cuando conociendo las leyes de la conducta humana, se someta libremente a ellas y hasta cuando su conciencia le permita responsabilizarse de esa conducta."
El Concepto Masónico del Librepensamiento
El diccionario Masónico de Frau y Arús la define como “uno de los principios que componen el lema emancipador y regenerador de la Francmasonería; que se refiere al derecho inherente a la naturaleza humana que le da al hombre la facultad de obrar como mejor le parezca y, por lo cual, es dueño y responsable de sus actos”.
Este principio se complementa indisolublemente con la igualdad y la fraternidad: somos libres para pensar, iguales en dignidad y diferentes en nuestras opiniones. La verdadera libertad masónica no consiste en imponer nuestras ideas, sino en respetar el derecho del otro a pensar de manera distinta, reconociéndolo siempre como un semejante.
En la Masonería, la libertad de pensamiento invita a cada uno de sus miembros a construir sus propias convicciones a través del trabajo interior, el análisis de los símbolos y el intercambio respetuoso de ideas. Nadie posee la verdad absoluta; por ello, el diálogo fraterno y la tolerancia permiten que cada uno enriquezca su comprensión sin renunciar a su propia conciencia.
Librepensar es el acto de pensar buscando la verdad; no es pensar cualquier cosa, no se trata de encerrarse en uno mismo, ni jactarse de saberes y experiencias acumuladas: es dudar de todo para derribar las barreras del egoísmo y el fanatismo. No implica pensar sin límites éticos, sino desarrollar un pensamiento libre, crítico y responsable, siempre orientado al perfeccionamiento personal y al bien común.
Las masonas debemos ser libres en el amplio sentido de la palabra, pero por sobre todo libres de mente: tener la capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, no dar por cierto algo presumiendo que por su procedencia tiene que ser verdadero. Solo así no seremos susceptibles de ser manipuladas ni sometidas, y podremos progresar en el camino de ser mejores personas cada día.
“En masonería trabajamos para un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.”